lunes, 5 de mayo de 2014

De libros antiguos de gran actualidad

EL MALESTAR EN LA GLOBALIZACIÓN

Hace un tiempo uno de mis hijos me regaló un libro. Creo que fue con motivo de la fiesta de Reyes. Cuando abrí el empaquetado vi que su autor era Joseph Stiglitz. "¡Fantástico!", pensé, pues se trata de uno de mis economistas favoritos.  Se titulaba "El malestar en la globalización" y su edición estaba fechada en 2001. "¡Qué pena!, pensé, pues creí que se trataba de una obra de escasa actualidad.

El caso es que, a pesar de mis prejuicios, comencé a leerlo.... ¡y me quedé asombrado de la actualidad de los temas que tocaba!. Y así, en ese libro se habla de burbujas inmobiliarias, de capitalismo de amiguetes, de puertas giratorias. Curioso, ¿no? ¿Qué economistas hablaban por aquellos años de esos temas? Nos íbamos a reír. 

Pero sobre todo, ese libro, junto con la actual crisis de Ucrania, y las noticias sobre Wikileaks y el espionaje de la NSA, me ha acabado de abrir los ojos sobre el conocimiento de los mecanismos fundamentales políticos que rigen el mundo actual. Y las conclusiones son desalentadoras y aterradoras. Occidente se ha convertido en un Régimen (palabreja que tan rápidamente aplica a los países que le molestan) que conserva la apariencia de ser democrático, pero en realidad es una oligarquía feudal, que tiene un absoluto desprecio por los Derechos Humanos en el mundo y por los derechos de sus ciudadanos en sus países.

En política internacional nos hablan de tiranos y regímenes, pero el mayor tirano somos nosotros. Sí, nosotros, entendido como nuestros gobiernos que funcionan como cooperantes necesarios de un sistema internacional ("Occidente") que actúa en diversos países con actos peores que los de los terroristas de Al Qaeda.

Insisto en algo que ya he dicho otras veces en este blog: que critique al mundo occidental en su política criminal expansiva (imperialista se decía en otras épocas) no implica que en los conflictos bélicos o pseudo-bélicos que suceden o han sucedido esté apoyando a la parte contraria. Que no se me ataque con esa excusa tan barata.

Vayamos ya a un resumen del libro de Stiglitz. Comencemos por decir que el Señor Stiglitz fue asesor del presidente Bill Clinton (aunque parece que Clinton hacía más caso a otros asesores), y que fue presidente del Banco Mundial. No es, precisamente, un antisistema.

En su libro Stiglitz da un repaso a los episodios donde intervino el FMI en las diferentes crisis desde la caída del comunismo de la URSS. Veamos algunos de las conclusiones que ofrece.

·         La transición del comunismo al capitalismo en la URSS fue un auténtico desastre, claramente evitable. Se formó un capitalismo de mafiosos y el PIB se redujo a la mitad en esos años. ¿Se hizo a propósito para que Rusia se debilitara? Sospecho que sí.

·         En la crisis asiática y en otras crisis se obligó a políticas de austeridad. Los que las siguieron tuvieron una recuperación más tardía.

·         Otras recetas que se propugnaban siempre era la liberalización de los mercados en general, y en especial de los mercados bancarios y de capitales.

·         Sin embargo en EE.UU. las recetas para solucionar las crisis han sido siempre aplicar políticas expansivas.

Discrepo con Stiglitz en que los economistas del FMI hayan actuado así por tener unas anteojeras ideológicas que les impiden tomar unas decisiones diferentes. Y es que las evidencias de sus fracasos son tan abrumadoras, que les concedo la suficiente inteligencia como para saber lo que se hacen, en lugar de creer que son unos ceporros. Y hoy en día, una década después de la publicación del libro, las políticas que se están aplicando en Europa del Sur son las mismas, con idénticos resultados. Sin embargo, las políticas en EE.UU. y en el Reino Unido vuelven a ser expansivas en tiempos de crisis.

Añadamos que a ningún otro país que no fuera EE.UU. se le hubiera consentido exportar la crisis con la venta de las subprime.

Pero creo que Stiglitz, aunque no se atreve a decirlo, sugiere qué es lo que sucede. Me atrevo yo a desvelarlo:

La política económica es hoy en día un instrumento de dominación, fundamentalmente de EE.UU., y en menor medida, de otros países. Los que creen que el poder de EE.UU. como única potencia global está declinando me temo que no están en lo correcto.

Las políticas de austeridad no resuelven las crisis económicas y empobrecen a las poblaciones.  Pero son las que garantizan las mínimas pérdidas a los acreedores (la banca internacional). Y las políticas de saneamiento suelen incluir privatizaciones para que el gran capital se apodere de los sectores estratégicos del país. La colonización económica queda, pues, servida.

Los defensores de la globalización alegan que ésta ha creado mucha riqueza, pues ha permitido el acceso a a unos niveles de vida, que antes estaban sólo en manos de los países occidentales, a una población cada vez mayor. Estoy de acuerdo en parte. Por lo que conozco de algunos países del Tercer Mundo hay una parte de la sociedad a la que le ha alcanzado el progreso económico. Pero, en general, los beneficios sólo llegan a una limitada porción de estas sociedades, mucha menos de la que debería, si las políticas fueran otras.

A cambio se está produciendo una progresiva pauperización de las "clases medias" de Occidente. Y un ahondamiento de la brecha entre los ricos y los pobres como no se había conocido en muchas décadas.

Como he decidido adornar cada uno de los capítulo de este artículo con una pieza musical de YouTube, creo que a este primero le va bien, por eso del pacto con el diable, el Fausto de Gounod. Y dentro de él, aunque me gusten más otros pasajes, lo que mejor le va es una marcha militar, así como triunfal:





DON QUIJOTE (DE LA MANCHA):

Hacemos un cambio de rumbo radical para compartir algunas de mis impresiones sobre este clásico que acabo de leer hace pocos días. La primera parte de El Quijote ya la había leído cuando era joven y la verdad es que no me impresionó excesivamente. La releí cumplida ya la cuarentena y disfruté realmente con la novela...pero me había dejado lo mejor sin leer: la segunda parte. Quien dijo que segundas partes nunca fueron buenas no estaba pensando en El Quijote.

No soy nada dado a chauvinismos. Pero en esta encuesta entre 100 escritores (todos los que conozco son de gran categoría), y de los que sólo encuentro a 5 hispanos, si no me he equivocado, se elige a Don Quijote como el mejor libro escrito de todos los tiempos. Se trataba de seleccionar los 100 mejores. No ha habido otro que ocupe el segundo lugar: las otras 99 obras elegidas ya no se quisieron ordenar.

Don Quijote, como toda obra maestra de la literatura, se debe leer igual a como se debe disfrutar un plato de Alta Cocina, o como debemos paladear un gran vino. Hay que hacerlo despacio, saboreando cada frase, cada refrán, cada sentencia. Una obra maestra del cine, por el contrario, no es cuestión de verla a cámara lenta, no, sino de volver a verla varias veces. Así descubriremos y disfrutaremos de detalles que se nos escaparon en los primeros visionados. Y volveremos a disfrutar de los que no se nos escaparon.

Han pasado muchos años por esa obra y eso se nota. Don Quijote fue un best-seller, todo un gran éxito, y se tradujo a muchos idiomas, ya antes de que apareciera la segunda parte (10 años después de la primera). Hemos de entender por qué ahora ya no es un libro que interese al gran público. Y es que el lector debe hacer un esfuerzo doble de traducirlo: traducir su lenguaje, un tanto complicado y anticuado, pero magistral; y tratar de ponerse en esa época, de manera que se entienda su trama. No conozco ninguna adaptación al cine que haya funcionado, precisamente porque la adaptación debería ser muy libre. Se trataría de realizar un Don Quijote del siglo XXI. No es tarea fácil.

Don Quijote son dos libros. Como ya he indicado la segunda parte es diferente de la primera. Digamos que Cervantes, consciente del éxito de su primera parte, "se relaja" y se explaya. En la segunda parte, sin olvidar ni mucho menos las claves del éxito de su primera parte, es más, le quita lo que sobra, el libro resulta mucho más profundo.

Don Quijote es un libro de humor. El humor varía con la época y con el lugar, y es por ello que cuesta entender sus claves. Como he dicho, exige un esfuerzo.

Don Quijote es un libro de acción. Bueno, quizás en la primera parte se va un poco por los Cerros de Úbeda, con las novelas pastoriles y divagaciones similares, pero esto se corrige en la segunda parte. No hay tiempo a aburrirse, como en las películas americanas más actuales.

Don Quijote es un libro de reflexión. Recoge una infinidad de refranes. La mayoría los conocemos todos, y por ello no nos sorprenmden, pero quizás en  muchos casos su popularidad provenga precisamente de haber aparecido en el Quijote. Y contiene multitud de reflexiones y sentencias de Cervantes (o de Cide Hamete Benegeli). Su densidad por milímetro cuadrado supera con mucho a todas las obras conocidas.

Si he de hacer de abogado del diablo y buscarle algún defecto diría que sus reflexiones son poco arriesgadas en la mayoría de los casos. No son rompedoras. Aunque hay que reconocer que en esa sociedad no era fácil exponer opiniones heterodoxas, pues te jugabas el pellejo con el Santo Oficio. Por ello algunas de sus opiniones chocan hoy con nuestra manera de pensar.

Os hago partícipes de un juego mental que me hago con frecuencia: De vivir hoy Cervantes, ¿sería de derechas? A primera vista, sí, como Goethe. Pero en ambos casos, y sobre todo con Cervantes, tengo mis dudas. Parece desprenderse que era hombre al que le preocupaba mucho la corrupción política. ¡Vaya, que este tema es bastante actual!

Cervantes es un madrileño que adora Barcelona. Eso también nos choca. La frase que reproducimos a continuación, y que es toda una declaración de amor, está en su inmortal obra; frase que dedica, de paso, a burlarse del Quijote falso de Avellaneda (que no estuvo en Barcelona, sino en Zaragoza) :

"(...)y, así, me pasé de claro a Barcelona, archivo de la cortesía, albergue de los extranjeros, hospital de los pobres, patria de los valientes, venganza de los ofendidos y correspondencia grata de firmes amistades, y en sitio y belleza, única; y aunque los sucesos que en ella me han sucedido, no son de mucho gusto sino de mucha pesadumbre, los llevo sin ella, sólo por haberla visto."

 Han transcurrido 500 años y Barcelona es una ciudad todavía más bella.

Os dejo con otro Quijote, el de Massenet, interpretado impecablemente por Svetlana Zajarova y Andrei Uvarov, que he descubierto en YouTube, y que merece la pena (mejor a pantalla completa):





DEL AMOR Y OTROS DEMONIOS:

Termino con esta pequeña reseña sobre este cuentecito de García Márquez. Una vez que finalicé la lectura de El Quijote quise rendirle un homenaje a quien fue el escritor preferido de mi juventud, recientemente fallecido. 

Busqué por casa sus libros y encontré este título, que creí que no había leído, hasta que lo reconocí en cuanto comencé su lectura. 

Han pasado cuarenta años de mis primeras lecturas de García Márquez. Mis sensaciones son agridulces. Me asalta un sentimiento de melancolía, de retorno a un tiempo pasado mío. Pero  también por sus obras ha pasado el tiempo, o al menos por esta obra que ahora leo. Ha envejecido, quizás es el efecto de las modas. Esperaremos unos años más, para cuando el estilo cambie de "pasado de moda" a "clásico" y volveremos a hacer la prueba. 

¡Y no obstante me siguen maravillando su vocabulario y su imaginación tan barrocos!

García Márquez nos hace sentir el Caribe. Su clima meteorológico y su clima pasional. Sentimos los calores, sus calles polvorientas y sus imprevisibles diluvios. Sentimos sus gentes sudorosas y bulliciosas, multiculturales, clasistas, sus amoríos sin freno, sus odios y crímenes, sus desvaríos de locura, su fe religiosa y sus remedios de santeros y charlatanes de feria. Sentimos la decadencia de la sociedad colonial y, tras el corto impulso de la época de la Enciclopedia, la Ilustración y las independencias, de nuevo la decadencia de la sociedad postrevolucionaria con sus generales ociosos.

Te has ganado la inmortalidad, Gabo, mi viejo amigo.

Y ya puestos a hablar de amor, más que de demonios, y puesto que estábamos con Massenet, pues he aquí una última recomendación, con la gentileza de Anne-Sophie Mutter:









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